A pesar de que nuestro país es uno de los países que más leyes educativas ha implementado en las últimas décadas, los resultados del informe PISA parecen indicar que España se encuentra por debajo de la media en la OCDE, y sobre todo, que los resultados no están mejorando con los años, sino que en la mejor de las situaciones se mantienen estables.
En esta entrada compartiré mi opinión sobre las causas que pueden estar provocando estos malos resultados, y las posibles mitigaciones que se podrían implantar al respecto
1. La educación como herramienta política
Todos sabemos que las leyes educativas (como muchas otras leyes implementadas en este país) no se han debido a un intento de mejora de la sociedad, o atendiendo a carencias en los sistemas actuales, sino que en muchas ocasiones estas leyes han surgido por la motivación de aplicar una determinada ideología política en el ámbito de turno, consiguiendo únicamente las críticas de la oposición, contribuyendo a la polarización de la sociedad, y provocando que en lugar de destacar los puntos fuertes que puedan tener estas leyes únicamente se fije la atención en los defectos de las mismas. Ejemplos en leyes de educación, como la controvertida "Ley Wert" en la pasada década, o si nos vamos a una época más actual y salimos del ámbito educativo, la polémica generada por la "Ley del solo sí es sí" y las consecuencias que está provocando. Este afán por parte de nuestros políticos de "tu pones la ley y yo la quito en cuanto llegue al poder" también pone de manifiesto la falta de acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas, más centradas en acentuar sus diferencias que en poner en común sus semejanzas.
Al final esto se traduce en la aplicación de leyes aprobadas sin consenso, efímeras, y que en el mejor de los casos sirven para "aprender lo que no se debe hacer". Necesitamos leyes en las que participen todos los partidos, y en las que también se tenga en cuenta la opinión de los principales afectados por las mismas, en este caso los docentes, alumnos y familias. Solo así conseguiremos una ley que satisfaga a la mayoría de la población y que dure más de una o dos legislaturas.
2. La desigualdad educativa en cada comunidad autónoma
Los estudios más recientes indican una diferencia de unos dos cursos entre un alumno de Castilla y León y otro de Andalucía. Esta desigualdad da lugar, además de al evidente agravio comparativo a la hora de realizar pruebas como son la prueba PISA, una diferencia de oportunidades que puede dejar en desventaja a un alumno de una determinada comunidad autónoma solo por el hecho de pertenecer a la misma.
Todos los años con la llegada de las pruebas de acceso a la universidad resurge esta polémica debido a las comparaciones que acostumbran a realizar los alumnos de las diferentes comunidades a través de redes sociales. ¿Qué puede estar causando esta desigualdad de conocimientos entre las comunidades? ¿Debería centralizarse la enseñanza y realizar una única prueba de acceso a la universidad nacional que sea igual para todas las comunidades? En mi opinión, no actualmente, pero sí debería ser el objetivo al que aspiremos.
Si se aplicase una única prueba para todo el país sin tomar otras medidas, o bien los alumnos de las comunidades más perjudicadas actualmente se verían afectadas debido a que se les exigiría un nivel de conocimiento que no han podido adquirir, alentando a la pérdida de la motivación del alumnado y fomentando el abandono escolar, o bien los alumnos de las comunidades más adelantadas podrían superar las pruebas con escasas dificultades, provocando así una subida artificial de las calificaciones, y por tanto una subida de las notas de corte en las universidades que acentuaría aún más la diferencia entre las comunidades. En el peor de los casos, podrían incluso darse ambas consecuencias a la vez.
En mi opinión, se debería impulsar la mejora de los sistemas educativos en las comunidades autónomas en las que se obtienen peores resultados, mediante un proceso gradual que se comience a aplicar desde los primeros ciclos de formación, con el objetivo de que, sin reducir la autonomía de cada comunidad en la oferta de asignaturas o métodos de aprendizaje, garantice unos contenidos mínimos que deban ser cubiertos por el conjunto de las comunidades autónomas del país.
3. Falta de actualización del contenido
Recuerdo que, cuando todavía me encontraba en la universidad estudiando la carrera de Ingeniería Informática, uno de nuestros profesores (allá por el año 2018) uno de nuestros profesores invirtió alrededor de 20 minutos de su clase para comentarnos cómo cualquier profesión, y más en concreto la nuestra, necesita actualizarse constantemente para no quedar obsoleta, para aprender acerca de las tecnologías de vanguardia, y para poseer las cualidades requeridas por el mercado laboral. Una charla motivadora, si no hubiera sido porque tras esta exposición comenzamos el siguiente tema de la asignatura, en cuya portada de la presentación se podía leer "Curso 98-99".
En ciertos contenidos, puede ser comprensible que no sea necesario actualizarse constantemente, o bien es posible que sean conceptos básicos y para facilitar el aprendizaje sea mejor comenzar a estudiar conceptos obsoletos para utilizarlos como base de cara a conceptos más actuales. Sin embargo, aunque he utilizado en mi trabajo la mayoría de conceptos que he estudiado a lo largo de los 4 años de carrera, no son pocas las tecnologías que no he vuelto a utilizar en mi vida laboral, y no porque mi trabajo no esté relacionada con esas tecnologías en concreto, sino porque se trata de tecnologías que han estado obsoletas durante años, o bien de metodologías que ya no se utilizan en contextos actuales.
Siempre he pensado que, al igual que los docentes evalúan a los alumnos, estos deberían poder aportar su propia valoración sobre la calidad y estructuración del contenido que han recibido a lo largo de su formación, fomentando así un proceso de mejora continua en el que sean los alumnos los que puedan proponer diferentes enfoques para el desarrollo de una determinada asignatura.
4. Falta de motivación del alumnado
El último motivo por el que considero que la educación en España es mejorable es la falta de motivación del alumnado. En la mayoría de casos, el alumno no se siente motivado para aprender más allá de lo que se ve en clase, ya sea porque el tema no le atrae, o debido a una saturación de exámenes y trabajos que apenas deja tiempo libre al alumno. En muchas ocasiones, se descarta ese aprendizaje de conocimiento adicional porque "no me va a ayudar a aprobar la asignatura", o "es tiempo que podría invertir en realizar un trabajo, estudiar, o simplemente relajarme tras haber hecho el resto de actividades". Ya ni hablemos de aprender conocimientos o habilidades que requieran de una dedicación más o menos constante durante un periodo de tiempo prolongado.
Esta falta de motivación es una de las principales causas de que en muchos casos los alumnos busquen "librarse de una asignatura lo más rápido posible". No se ven los conocimientos como algo que aprender y que poder utilizar en su vida diaria, sino que únicamente se ven como un obstáculo en el camino a la obtención del título que hay que superar "porque no queda otra".
¿Cuál es el punto justo de tareas que debería realizar un alumno fuera de la escuela? ¿Deberían adoptarse modelos educativos en los que apenas se realizan tareas en fuera del horario lectivo, o tal vez se deberían flexibilizar estas tareas para permitir a cada alumno seleccionar un tema que, si bien siga relacionado con el contexto de la asignatura, pueda ser un tema que le interese a nivel personal?
Y hasta aquí esta entrada, que espero os resulte interesante o que, al menos, os haga pensar en los cambios que vosotros haríais en el sistema educativo actual.
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